Cuaderno de los sueños

El cuaderno de los sueños es un libro que habla de la escritura poética misma. Es la historia de un tipo llamado Manuel Iris escribiendo un libro que titulado Cuaderno de los sueños, habitado por un Ángel. El asunto se complica cuando el Ángel declara ser una mujer llamada Inés y ser, además la autora del libro de Manuel Iris mismo. Es un libro de amor y erotismo que tiene como centro la reflexión sobre la escritura misma, y la naturaleza de la poesía.Según la académica Kenia Aubri Cuaderno de los sueños “es metaliteratura, pero es también metapoesía o metaficción.
Como las muñecas rusas, como los cuadros de Escher, como algunas novelas de confección autorreferencial, Cuaderno de los sueños es un poemario que describe su propia materia poética y crea la hermosa ilusión del libro dentro del libro que coincide en autonombrarse como el mismo texto físico que reseño: «Cuaderno de los sueños»”.
Cuaderno de los sueños no es poesía fácil. Recuerdo ahora la idea de Kundera: que «el arte del poeta, su originalidad se manifiesta mediante la fuerza de la imaginación» y Cuaderno de los sueños invita al esfuerzo de esa imaginación poética, a la competencia de una escritura poematizada que piensa, que pretende alcanzar al alma de la composición poética y acceder al alma de los problemas entre el artista y su escritura.”
Por su parte, el poeta José Díaz Cervera opina que “Cuaderno de los sueños es un poemario que, junto con algunos otros como Sobre la tierra de los muertos, de Javier España, reivindican la lírica de la Península de Yucatán y permiten ver la verdadera dimensión de la producción poética de esta esquina de nuestro país”.
El libro fue merecedor del Premio Nacional de poesía Mérida en 2009 y fue publicado por el Fondo Editorial Tierra Adentro ese mismo año.

POEMAS

A Inés, la verdadera

¡Eh!—exclamó de pronto—. No sé si te
haya ocurrido lo mismo que a mí;
pero a mí se me ocurre que esto que ahora hemos
sentido, tal vez haya sido escrito. Después
de todo, ¿Por qué no habría de ser así?

Salvador Elizondo, El hipogeo secreto

Escribe. Avanza con mi voz
para decirme todo sobre ti.

Acércate y repite: Por lo cruel
de nuestras dos naturalezas, y aléjate.

Vete lejos.

No me permitas
apropiarme de tu nombre.

No admitas tu belleza: búrlate, desmiente.

Desnuda la poesía y abandónala. Maltrátala
como a nosotros. Agárrame la mano
pero nunca me rescates.

Díctame y escucha cómo te descubro,
te construyo y te acaricio con tu propia mano
que es la mano con que escribo,

Mía lejana.

 

Por encontrarte Mía por decirte
anduve solo de Catulo al alba
de Lautremont al pájaro
de Rilke hasta el grafiti
………………..visité
las camas de los viejos el amor del asesino
los muslos intocados y la lengua que los lame
por la fuerza

y fui la herida y el golpe
el narrador y el diablo fui
la descripción de todo lo que existe
la fealdad el que la bebe
con placer
de dos hermanos bellos

pero tu cuerpo Amor no ha sido dicho No estás
en Bonifaz ni tus mejillas se encendieron
por la luz de Caravaggio el amor
de Fra Filipo
tú no estás en Mingus
ni en la rumba
ni en la sangre que se agolpa
cuando el sudor se apaga.

Tu belleza no existía.

Es la primera vez que alguien te dice
y soy el que ama por primera vez.

 

No seas ridículo, hablante. ¿A quién le gustaría
que la llamen Mía? Me pertenezco
de maneras menos obvias
y mi nombre es Inés. Me llamo Inés
y tengo voz en este asunto.

Este libro no es tuyo
y no me importa lo que diga ella, tu lectora
(ciertamente es tu lectora) que no había
llegado a esta línea
porque no la habías escrito
cuando dijo eso: ni tu lectora soy.

Este verso no es tuyo, Manuel Iris, no seas infantil.

No sabes escribir y no tienes
derecho 
de nombrarme.

 

Los ángeles no existen. Yo soy de letras
y no puedo vulnerarte,
aunque lo hago.

No paras de mentir, malabarear
esa retórica fundada en nuestras dos naturalezas
y alejarme, quitarme voluntad.

¿Qué pasaría si quiero caminar desnuda?

Cuando me vaya al parque de los adolescentes
no quiero verte allí porque no puedes resistirme
y la verdad
no estoy para esas cosas.

Mi carne, aunque palabra
pide carne. Los ángeles no existen.

Me llamo Inés
y tengo voz en este asunto.

 

Mirándola dormir

He leído en tu oreja que la recta no existe
Gilberto Owen

Como esta voz, mi lengua
busca 
el laberinto de tu oreja
y yo te escribo y sé muy bien
que hay algo —hay un lugar— más bello
que tu vientre
aunque jamás lo he visto.

En cambio se revelan
—entrega de la espuma, oseznos de la luz—
tus pies de pan de dulce.

Y no saber el cómo apareciste, no haber vivido
en el momento que tu espalda fue la rosa, abierta luz
de lo que significas.

Afuera escucho algo.

Afuera del poema algo te dice un canto
más hermoso que la piel
pero también más vivo: una caricia: lengua bajo lengua,
sonido bajo letra
en acto de buscarte.

¿En qué momento me has atravesado? ¿Cuándo
tu luz—incendio, llamarada—se clavó en mi pecho?

Hoy puedo hacer un verso en que no mueras nunca.

Un cáliz, un jarrón, un algo que contenga
vino enloquecido, danza, fruta
lenta
carne en movimiento
para entrar en otra carne.

Creyente de tu forma, en mi oración
he decidido no ceder al verbo de tu ombligo, a la floresta
del verano en tus pezones, a todos tus aromas.

Hoy no quiero morir: No quiero ver el río
que se duerme en tus muñecas. No quiero andar
la forma en que te extiendes de tu piel hasta la piel
de todo lo que existe.

Árbol de mí, 
estoy llegando a tu región más fértil.

 

En sus rodillas el Cuaderno de los sueños descansaba como un gato. El aire habitual en esta época arrastraba las hojas y ondulaba el lago, pero parecía respetar el manuscrito, cuyas páginas no volaban.
De pronto dijo, dejando de leer: Nosotros somos los soñados. Observa bien cómo ahora mismo el viento, por un capricho de Mía, ha decidido no volar las páginas en las que aparecemos para que un lector, soñado también por ella, pueda conocernos y justificarlo todo. Por ese encuentro improbable este libro que no acaba de escribirse. Incluso tu intención frustrada de cantar el Ángel, su absoluta perfección, no es otra cosa que un capricho suyo. Ahora lo sé. Tengo muy claro que esto no es un parque sino el final de un párrafo, un conjunto de vocablos en un sueño inconcluso.

 

Si existe algo más allá de tu belleza
mi palabra te conserve. No pierdas juventud.

Que sea tu dulce eternamente piel.

Espina de la flama
s
ana mis heridas
Memoria de la espuma
reduce tu cauce
Barco anochecido
ahoga mis senderos
Antorcha de la siembra
sega tus frutos
Callejón a solas
aguarda tu final
Ave de esperanza
ignora tu destino
Placenta azucarada
contenme de la muerte

 

Escribo un libro de diversas voces y se lo muestro a Inés, una tarde con viento. El manuscrito se titula Cuaderno de los sueños y resulta ser, por un azar o voluntad que no comprendo, el mismo Cuaderno de los sueños firmado por Manuel Iris que ahora el lector inútilmente descifra, lo cual confirma mis sospechas.
Inés está muy seria, silenciosa. Se ha dado cuenta de que estamos en un libro que es un sueño que otro ser soñado lee haciendo todo aparentemente más real, por las hojas impresas. Me mira y dice cosas tres páginas atrás. La dejo hablar y observo su cabello, sus pies que amo y la imagino desnuda, recostada.

Dejo la pluma. Salgo de mi estudio por un vaso con agua. Al caminar por nuestra habitación abro la puerta: duerme con un seno fuera de la sábana. En el estudio, sobre el escritorio descansa como un gato el Cuaderno de los sueños, que ahora corrijo y que también ahora tiene enfrente el lector. Sigo escribiendo y afuera suena el aire, las hojas arrastradas.

 

Llega mueve un muslo abre las piernas
avanza por el parque hasta una página anterior
cuando era un Ángel iba sola con los pies desnudos ahora
huele a piel y yo la beso muerdo el pubis
Manuel me dice abre las piernas calla
le gusta el parque de los adolecentes Manuel me dice
en medio del estudio afuera de los muslos que abre páginas
hay otro verso en el que mueve el cuello más
ayer iba descalza para jugar el agua
con los pies que amo que están fuera de
este libro estira el cuello más desnuda más
sobre este césped
hay un olor a carne más me dice tiembla más
le beso las rodillas todavía de Ángel
más Manuel te amo dice más me dice deja el libro quiero más
y muerde mis palabras yo no soy literatura
yo soy más yo te amo más Manuel más más
yo escribo este poema
y nuestro aliento se detiene.

Afuera te dibujas.

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